‘E-inclusión’: cuando los empleados abanderan el cambio

‘E-inclusión’: cuando los empleados abanderan el cambio
24 enero, 2018 Betterplace
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Cuando se acuñó, el término e-inclusión hacía referencia a la vocación de cerrar la brecha digital entre los usuarios con un alto conocimiento de tecnología de la información y las personas sin acceso a ella. Hoy alude también a la involucración de los empleados en la innovación y transformación de la empresa. ¿Sabes cómo implicar a tu equipo?

Hace poco leíamos en el estudio España 4.0: El reto de la transformación digital de la economía, publicado por Roland Berger con el patrocinio de Siemens, que “la transformación digital ofrece beneficios tanto cuantitativos en los resultados económicos de las empresas, como cualitativos, en el nivel de bienestar de los empleados”. Nada que no pudiéramos imaginar pero ¡qué bien viene verlo sobre papel!

Para competir a futuro, las empresas deben promover una estrategia digital que alcance a cada empleado. Dicho de otra manera: los trabajadores son una fuerza de cambio necesaria de la que no se puede prescindir a la hora de acometer ese proceso. Por ello, cuando las empresas los involucran en su transformación, el grado de vinculación aumenta y, en consecuencia, lo hacen el confort y el orgullo de pertenencia.

Superados los miedos, no siempre racionales, que frenan la transformación, toca abordar el cambio cultural, quizá el aspecto más subestimado pero también el más básico y necesario del proceso. Sabemos que la transformación nunca calará sin la reeducación de los empleados. Ahora la pregunta es, ¿cómo abordar la e-inclusión sin fracasar en el intento?

Director explica a sus empleados la necesidad de hacer cambios hacia la digitalización

Que las personas son la clave de la creación de una empresa más dinámica, innovadora y competitiva parece lógico. Sobre todo, en un momento en el que las metodologías de cohesión de equipo triunfan y tienden a impregnar las estructuras empresariales con independencia de su envergadura. Sin embargo, en España, solo el 5% de la alta dirección opina que la cultura de su organización es digital. Y si hablamos de lo que perciben los empleados nos quedamos en un redondísimo 0 —según una reciente investigación de Capgemini—. A nivel interno, el factor cultural se confirma como el principal obstáculo a la transformación. ¿Desinterés o desconocimiento? ¿Un poco de ambas?

Espíritu digital para todos

Si bien las incorporaciones recientes o los perfiles más jóvenes tendrán una menor reticencia al cambio por su edad, formación o por el mero hecho de incorporarse a una nueva estructura; hay perfiles para quienes la asunción del mismo puede resultar intimidatoria. No los dejes fuera. Permíteles actuar como embajadores de la transformación, empaparse de la misma y llevar, igualmente, las riendas. La gran mayoría de las personas está familiarizada con los usos digitales en su vida personal, de forma que el hecho de asumirlos en el entorno laboral no supone una barrera insalvable. La costumbre y la comodidad son peligrosas cuando nos hacen presuponer que la operativa actual es óptima porque hasta la fecha se ha aplicado así y ha funcionado bien. Siempre hay motivos para mejorar: hemos de perseguir el progreso y hacer que este cale hondo.

Que empiece el contagio

¿Cómo lograr que la transmisión de una nueva cultura se produzca y se aprecie? Para insertar el chip digital en el ADN de cada empleado es vital que la dirección predique con el ejemplo. Por ello, los directivos han de asumir un rol ejemplarizante promoviendo que el espíritu del cambio se disemine por todo el organigrama, de arriba hacia abajo. Así, un giro en la cultura, como cualquier otro viraje en la estrategia de la compañía, será manifiesto y tangible. Si no, pasará de puntillas y se quedará en un frustrado intento que no terminará de coger fuelle.

Grafitti que implica a los empleados en la necesidad de crear conjuntamente

En España solo un 38% de las empresas cuenta con una estrategia digital formalizada. Por contra, un 62% carece de ella. Lo curioso es que la mayoría de los empleados es proactiva. El 71% desea adquirir nuevos conocimientos técnicos y en herramientas digitales, según un estudio realizado por Accenture Strategy. Ahora, del dicho al hecho hay un camino, uno que hay que recorrer para que el porcentaje de interés por el cambio se corresponda con su aplicación. Esta es la nueva brecha digital, una diferente a la que quería cerrar la e-inclusión cuando surgió como concepto. Para sellarla hacen falta curiosidad, ingenio, espíritu transformador y herramientas que, como Betterplace, contribuyan a educar desde la innovación haciendo fácil lo difícil. ¿Nos ponemos manos a la obra?

 

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